martes, 16 de noviembre de 2010

EL GRAFFITI, EJERCICIO DE EXPRESIÓN Y CRÍTICA POR LAURA RODRIGUEZ


El graffiti existe para hacer públicos los asuntos ocultos.

Algunos lo admiran, otros lo odian y para algunos más es totalmente indiferente. Lo que sí es cierto es que el graffiti ha generado gran polémica desde sus inicios a lo largo de los años 60’s y 70’s, pues ha sido motivo de críticas entre la sociedad por su estrecha relación con la violencia en las calles. Este arte se puede definir como una forma saludable de expresión en la que diferentes jóvenes hacen visibles sus pensamientos en el espacio urbano, con el fin de dar a conocer sus ideas a los demás valiéndose de aerosoles, pinturas y en general cualquier elemento con el que puedan plasmar sus pensamientos.
La temática de los graffitis es variada. El aspecto político es uno de los más utilizados a la hora de crear mensajes en los muros de las calles, así como el tema económico, pasando por la religión, la raza y el sexo, entre otros contenidos, tratados con alta dosis de humor e ironía. Todo esto con el fin de impactar racional o afectivamente para generar dudas y sospechas entre las personas.
“Jesucristo es el camino” , “Paz no es soltar las armas siendo guerra la vida del hombre” , “Colombia, ¿república o reprivada?” Estos son algunos de los mensajes que un transeúnte puede observar a diario en las calles de la ciudad, además de otros que mezclan expresiones literarias con dibujos o imágenes llenas de creatividad y espontaneidad, características básicas de los llamados graffiteros los cuales tienen además, como común denominador, el anonimato y es éste mismo el que hace que de alguna forma se relacione directamente el conjunto de expresiones urbanas con la violencia, pues los grafiteros, en su afán de expresarse, llegan al punto de esperar a que llegue la noche para no ser descubiertos mientras en un ataque de creatividad encuentran en una pared o muro el mejor lienzo para dar rienda suelta a sus ideas y expresarlas a través de dibujos, imágenes abstractas o simplemente frases que hacen reflexionar a la sociedad. Y es precisamente esa su finalidad, pues el arte del graffiti no sólo busca exponer sus emociones sino sensibilizar al mundo de los que está pasando y que las personas al observarlo a diario entiendan y se cuestionen cada una de esas ideas.
A pesar que en algunas ciudades se han abierto espacios para los jóvenes que disfrutan de crear expresiones culturales cargadas de significados, el graffiti sigue siendo objeto de controversia y sus artistas son excluidos por la sociedad y perseguidos constantemente por las autoridades. Esta es otra razón por la cual los grafiteros son vistos cómo vándalos ante la sociedad. Pero, ¿qué es el vandalismo realmente? “El vandalismo es la hostilidad hacia las artes, la literatura o las propiedades ajenas, llegando al deterioro o destrucción voluntaria de monumentos” . Este concepto se aplica de manera errónea pues al tildarlos de vándalos se está generalizando y perdiendo el sentido de personas que en su mayoría no pretenden otra cosa más que ser “escuchados” y generar inquietudes en la sociedad.
Pero ¿puede el arte convertirse en vandalismo? Realmente la línea divisoria entre estos dos conceptos es muy delgada. Lo que es cierto es que aunque este sea un tema de nunca acabar y aunque sigan siendo perseguidos y rechazados en la sociedad, los grafiteros seguirán defendiendo sus ideologías y explorando esta forma de expresión logrando que sus mensajes calen y generen reflexión entre las personas que transitan por las calles.
Otro de los factores que la sociedad censura frente a esta manifestación cultural es la contaminación visual que puede generar el exceso de graffitis en las calles, pues en una ciudad pequeña como lo es Cali, todo se concentra más y es mucho más notorio el ambiente visualmente saturado, dando un aspecto desordenado y descuidado de la ciudad. Como es bien sabido, la contaminación visual es causada por excesos en avisos publicitarios e informativos, de basurales que malogran el paisaje, entre otros que a la final terminan convirtiéndose en un dolor de cabeza para quienes diariamente transitan por las calles. Este aspecto es uno de los que diariamente es criticado por los transeúntes y turistas que señalan los grafittis como el mayor motivo por el cual la ciudad se deteriora y hace que la imagen de una ciudad limpia y bonita disminuya.
Es claro que en un país como el nuestro, donde la violencia está a la vuelta de la esquina, la política y la corrupción da mucho de qué hablar y el derecho a la libre expresión es menos respetado, el índice de grafiteros va aumentando día a día y así mismo sus amantes o detractores. Entonces, ¿será el graffiti una manifestación pasajera? En realidad, aún con toda la polémica que genere, este tipo de arte urbano permanecerá por mucho tiempo y seguirá su curso paralelamente a los acontecimientos de nuestro país.
Así pues, el escenario para los grafiteros en nuestra ciudad está más que claro: los espacios cada vez son más reducidos, la crítica va en aumento y la necesidad de hacer públicos los asuntos ocultos es inminente. La tarea como ciudadanos es, que tanto grafiteros como habitantes respeten las diferentes formas de expresión y en lugar de criticar y señalar a estos artistas, se reafirme el amor por una ciudad que necesita gente con un gran sentido de pertenencia para así volver a Cali la ciudad tranquila y segura que debe y merece ser.

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