miércoles, 19 de mayo de 2010

UN VERDADERO ARTE INDEPENDIENTE POR ANA MARIA GOMEZ SANCLEMENTE

Apuesto a que su madre le repetía mil veces que leyera para aprender cosas algún día, que la televisión no se lo daba todo. Apuesto a que sus maestros le explicaban que leer era de gente culta, y que dejara de perder le tiempo en caricaturas. Y supongo que alguna vez oyó de alguien (o usted mismo) que hacía resúmenes de libros como “La Illiada”, viéndose la película adaptada de los 60’s, y allí vuelve su profesor de nuevo: “Haga las cosas por la derecha! Léase el libro” ¿Es cierto eso de que usted ejerce menos actividad cerebral y se vuelve un poco mas inútil si mira una película? ¿Es cierto que toda adaptación es mala? Es aconsejable que revise la respuesta a la que esta acostumbrado decir, a continuación verá por que.

Una manera fácil de explicar la fenomenología de Libro vs. Cinta es estudiándola desde el punto de vista del espectador (De manera sociológica): ¿Qué gusta? ¿Qué no gusta? ¿Por qué no se complementa tanto una adaptación? ¿Por qué existe una preferencia casi clasista hacia los libros?

Se pretende hablar de una cultura variada que respeta los límites entre una y otra arte. La humanidad siempre ha estado destinada a explorar sus horizontes, no a paralelizarlos. Por eso las ideas que se dan sobre si el cine cumple o no con las reglas de la literatura, deben ser replanteadas, pues, si a “explorar” nos referimos, el cine no podrá hacerlo estando en grillete con las adaptaciones de la literatura.

Según el cineasta y novelista chileno (muy inclusive para este ensayo) Miguel Littin, “Parece ser que la clave es que el cine no respete estrictamente la literatura sino que tenga la posibilidad de encontrar en ella una fuente de inspiración y volar después por si solo”.

Según José Luis Sánchez Noriega, comunicador de la universidad Autónoma del Estado de México, en su ensayo “Las adaptaciones literarias al cine: Un debate permanente”, la confusión y la predilección que tienen algunos por uno u otro arte, se debe a que tanto el cine, como la literatura tienen una llamada “Raíz Narrativa”. Por ello, asegura que “Hacer una película también es contar una historia, y para ello hay que dominar la narración mediante imágenes”.

Algunos dan la idea de inferioridad estética del cine, por el proceso de la recepción y la interpretación: Mientras un lector goza sustituyendo palabras por imágenes en su imaginación, ejercitando su intelecto y pudiendo tener tiempo para divagaciones (receptor activo), el espectador, es un receptor pasivo, que se sienta a ver imágenes concretas, ya construidas, proporcionadas por otro individuo, sin crear una narrativa interna, y sin tener tiempo para cercenar cada descripción. Esta afirmación puede ser claramente refutada al decir, según Sánchez, que existen directores que incluyen partes narrativas en cortos trazos de sus obras, o que dejan en suspenso personajes ocultos, (tipo “Psicho”, en los años 30, o “21 Grams” –con el recordado Benicio del Toro-¿Quién se iba a imaginar que la donación de un corazón tuviera repercusiones tan macabras?, en películas como estas, solo es posible unir las piezas al final de la cinta, cosa que mantiene a los espectadores alerta, y con su cerebro funcionando tras las pistas, por la forma narrativa desorganizada en que se presentan los hechos (como alguna vez lo llego a hacer Julio Cortázar con “Rayuela”), y en su contra parte, escritores de best seller que son puramente descriptivos, respecto a los espacios y personajes, sin dejar palabras clave, ni metáforas interpretativas, volviendo al lector meramente pasivo (Paulo Cohelo en su obra “Once Minutos”, hace descripciones sobrecargadas de los personajes, que no a todo genero cae bien).

Otras opiniones, arremeten contra el cine, diciendo que sus bases no son muy sólidas puesto que en la literatura, la unidad fundamental son las palabras, y en el cine son las imágenes. Littin y Sánchez coinciden en decir que La imagen no es la parte fundamental de una película. No al menos la única. Factores como la banda sonora (palabras, ruidos, diálogos y música) tienen tanta importancia como las imágenes ¿Qué sería de un filme sin los diálogos? Incluso las películas mudas tenían rótulas para darse a entender.

Y otra razón para no dejar de lado. Sánchez explica que, la gente desprecia el poder del cine frente a la literatura, inconcientemente, por que el cine siempre se ha tratado de acto popular. En la antigüedad, los letrados, que eran muy pocos, tenían “clase” al poder leer las obras de un escritor. Era y siempre ha sido de gente culta leer libros, por el esfuerzo ocular y el tiempo que llevan. Es culturalmente bien visto el personaje que tiene una biblioteca de obras universales ya leídas y sabe razonar su gusto por cada una de ellas, en cambio, el cine, desde sus inicios, fue creado para atraer a la población popular, para entretener, crear ilusión y siempre estuvo dispuesto a todo público. Al no ser un acto categórico, no ejercía ninguna clase de originalidad y fue siendo relegado hasta lo que es ahora: un ticket de mínimo $4.000 en pesos colombianos.

¿Otro motivo de discusión? La Triste realidad: Suele apreciarse más una película adaptada cuando el texto original no es muy conocido por que no todo el mundo lo ha leído (Casos como el de “Dorian Grey” para las nuevas generaciones). En cambio, cuando se plantea adaptar una película de renombre, se genera más expectativa y el mismo público se exige más a sí mismo, (como crítico) debiéndole respeto a “un clásico”, que es lo que ha venido pasando, por ejemplo, con la obra “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Caroll (La cual todos vimos en nuestra infancia), recientemente adaptada por Tim Burton.

Y es que no se puede dejar de lado la satisfacción que sienten los directores al llevar a una dimensión diferente, aquellas historias fantásticas que la lectura dominó primero, pero es de tener en cuenta que un relato exacto no puede ser llevado de la misma forma al cine: ¿Cómo volver una imagen en un olor, o en un sentimiento? Rete su imaginación. Frases metafóricas, compuestas, y de doble sentido, solo pueden ser interpretadas por el sentido y la experiencia de cada lector, para hacer de ello una vivencia más personal y más entradora. Es decir, que si el lector lee, por ejemplo: “…Un azul tan frío, como el dolor de estar enamorado, como saber que se muere de repente…”, (Fragmento tomado del texto original de “Twilight” de Sthephenie Meyer), este se tendrá que imaginar el color, y remontarse a una época donde quizá tuvo un romance, y sintió morir. El hueco en la boca del estómago, y el sudor de la muerte, son cosas que no las puede dar un color azul pintado en una pantalla, simplemente. Y sin embargo, lo que muchos no toman en cuenta, es que los cineastas tienen los métodos para llevar a la gente, a que remonte aquellos momentos, si modifican la imagen. Entonces, no será solo un color azul pintado en una pantalla, si no que será un ángulo, un sonido, o una vibración de la cámara el que haga que el (ahora) espectador viva una experiencia diferente. (Sorprendentemente, dese cuenta de cómo se puede tararear una canción triste de manera escrita).

Se ha dicho mucho sobre que, pese a esa probabilidad del cine de crear nuevas sensaciones, la mayoría de las adaptaciones han resultado catastróficas (siempre con algunas excepciones), y la verdad, no es que vaya a cambiar mucho con los años. Serán y habrán buenos y malos directores, directores poco profundos, directores poco imaginativos, directores que aun no entienden la idea de Littin, de “encontrar en la literatura una fuente de inspiración y volar después por si solo”, directores poco visionarios.

Entonces, una vez leído todo, haga un back-up de sus ideas originales. Piense de nuevo en su forma de ver el cine y la literatura, investigue dentro de si, si sufre de un algún tema refutado aquí, por que, en conclusiones mayores, podemos decir que el cine y la literatura terminan siendo dos artes que, aunque narrativamente pueden ir de la mano, son diferentes. Cada una es un mundo diferente, cada una con ventajas y desventajas, y cada una, totalmente abierta y factible para que el publico escoja con cual se queda, o si desea disfrutar de ambas.

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